La población mayor de 55 años concentra el 70% de la riqueza en Estados Unidos

La estructura económica actual atraviesa un cambio de paradigma impulsado por el envejecimiento demográfico y la acumulación de activos financieros. La riqueza se ha concentrado de manera sin precedentes en las generaciones de mayor edad, lo que está provocando una transformación profunda tanto en los patrones de consumo global como en la viabilidad de las instituciones de seguridad social.

Actualmente, el panorama económico de los Estados Unidos está caracterizado por una profunda estratificación: la población de 55 años o más controla aproximadamente el 73% de la riqueza total de los hogares del país. Específicamente, la generación de los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964) se ha consolidado como la más rica de la historia, poseyendo el 51.1% de la riqueza nacional, lo que equivale a más de 83.3 a 85.4 billones de dólares.

En agudo contraste, las generaciones más jóvenes, a pesar de representar la mayor fuerza laboral, enfrentan un panorama distinto. Los Millennials y la Generación Z en conjunto poseen apenas entre el 10.5% y el 10.7% de la riqueza total. Esta brecha es un reflejo de la desigualdad patrimonial estructural: el 10% superior de la distribución concentra el 60% de toda la riqueza familiar, mientras que la mitad inferior (el 50% de la población) posee apenas entre el 2.5% y el 6%.

A medida que los Baby Boomers avanzan en su jubilación, el mundo está a las puertas de la mayor transferencia intergeneracional de capital de la historia. Se estima que entre 2024 y 2048 se transferirán alrededor de 123.7 a 124 billones de dólares. De este volumen colosal, se espera que 105.3 billones se transmitan de forma vertical a los herederos (principalmente Generación X y Millennials), mientras que 18.4 billones se destinarán a fundaciones y organizaciones filantrópicas.

Sin embargo, un componente crucial de esta transición es la transferencia «horizontal» o intrageneracional. Dado que estadísticamente las mujeres viven más que los hombres, se proyecta que unos 54 billones de dólares pasarán primero a los cónyuges viudos, quedando más del 95% de esa fortuna bajo el control de mujeres de las generaciones mayores.

La «Economía Plateada» y el Declive del Consumo Ostentoso

Este enorme poder adquisitivo en manos de los mayores de 55 años está reescribiendo las reglas del lujo y el consumo. Los individuos de alto patrimonio están abandonando la «compra por estatus» (como relojes de lujo o autos deportivos) en favor de la salud, la longevidad y el bienestar.
Los datos del Instituto Global del Bienestar revelan que la economía global del bienestar alcanzó un récord de 6.8 billones de dólares en 2024 y se proyecta que crecerá a 9.8 billones para el año 2029. Algunos de los cambios más drásticos incluyen:

  • Bienes raíces de bienestar y biohacking: Este sector está creciendo a un ritmo del 19.5% anual. Los compradores de lujo exigen cada vez más viviendas equipadas con tecnología de «biohacking» como saunas infrarrojos, sistemas de purificación avanzados y piscinas de inmersión en frío, los cuales pueden aumentar el valor de reventa de la propiedad entre un 2% y un 5%.
  • Turismo experiencial y de salud: Las reservas de cruceros fluviales de lujo realizadas por mayores de 65 años aumentaron más de un 70% en el último año, y los abuelos llegan a gastar hasta 100,000 dólares en viajes familiares enfocados en el bienestar.
  • Medicina preventiva: El 87% de las personas de alto patrimonio en Norteamérica invierten activamente en estrategias de longevidad, pagando membresías de hasta 15,000 dólares anuales en clínicas especializadas que utilizan resonancias magnéticas de cuerpo entero y cientos de biomarcadores.

 

La Crisis Fiscal de la Seguridad Social

Mientras la economía privada florece gracias a la longevidad, las instituciones públicas enfrentan una grave crisis de insolvencia. Según el informe de los fideicomisarios de 2025, el Fondo Fiduciario del Seguro de Vejez y Sobrevivientes (OASI) de Estados Unidos agotará sus reservas en 2033. Si los legisladores no toman medidas, los beneficiarios sufrirán un recorte automático y generalizado del 23% en sus pensiones, lo que incrementaría drásticamente las tasas de pobreza en la tercera edad.

El origen de este déficit a largo plazo, estimado en 25.1 billones de dólares, radica en dos factores macroeconómicos. Primero, el declive demográfico y la baja fertilidad han reducido la proporción de trabajadores por beneficiario, cayendo de 5 a 1 en 1960 a menos de 3 a 1 en la actualidad. Segundo, la creciente desigualdad salarial ha erosionado silenciosamente la base impositiva: como las ganancias se han concentrado en los tramos más altos (muchos de los cuales superan el tope de ingresos sujetos a impuestos de nómina), el porcentaje de ingresos totales cubiertos por el Seguro Social ha caído del 90% en 1983 a solo el 83%.

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