La transformación demográfica en Chile abre la puerta a una nueva era donde la longevidad se posiciona como un motor clave de desarrollo social y económico. Con proyecciones que indican que para el año 2030 el 22% de la población superará los 60 años, las personas mayores demuestran ser una fuerza laboral vital, autónoma y altamente capaz, aportando experiencia, madurez y compromiso al mercado formal.
Actividad, Compromiso y Excelencia
Un 39% de las personas en etapa de longevidad que trabajan lo hacen no solo por necesidad económica, sino por el profundo deseo de mantenerse activas, independientes y vigentes en la sociedad. En el entorno laboral, estas personas aportan altos niveles de resiliencia, responsabilidad, confiabilidad y buen trato. Este grupo prioriza la calidad de sus tareas por sobre la cantidad, exigiéndose a sí mismos ofrecer un servicio altamente profesional.
Además, la experiencia internacional destaca que son colaboradores sumamente fiables, presentan menores tasas de ausentismo, demuestran una gran dedicación y poseen una actitud proactiva para la resolución de problemas en el día a día.
Un Aporte Económico y Social Invaluable
Más allá del empleo formal, la contribución que realizan desde su autonomía es inmensa. En Chile, el trabajo no remunerado llevado a cabo por este grupo aporta a la economía 4,21 millones de pesos cada año, representando un valor mayor a cualquier otra actividad económica del país y equivaliendo al 3,1% del PIB ampliado.
Las mujeres son las grandes protagonistas de este aporte, generando el 70,1% de dicho valor económico. Estas cifras visibilizan el rol activo que tienen en la economía y su enorme capacidad productiva.
Oportunidades para una Cultura Empresarial Integradora
Las empresas tienen frente a sí la gran oportunidad de capitalizar este talento senior. Contar con una fuerza laboral diversa en edades dota a las compañías de una gama de calificaciones más extensa y variada, ayudándolas a adaptarse con éxito a nuevos mercados y tendencias sociales. Para maximizar este potencial, las organizaciones están impulsando encuentros intergeneracionales y mentorías cruzadas, donde personas jóvenes y mayores intercambian conocimientos digitales, técnicos y estratégicos.
Asimismo, mediante la implementación de flexibilidad laboral, programas de educación continua y el diseño ergonómico de los espacios, las empresas permiten que estos profesionales desplieguen al máximo su pensamiento estratégico, sabiduría y madurez mental.
En definitiva, la longevidad activa representa una etapa llena de oportunidades para enriquecer el mundo del trabajo. Aprovechar el talento, el conocimiento basado en la experiencia y las habilidades sociales de esta generación no solo mejora el rendimiento de las organizaciones, sino que consolida una sociedad donde cada etapa vital se vive con plenitud, independencia y una invaluable contribución al progreso común.
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