La Transición Demográfica en Chile: El Contraste entre la Baja Histórica de la Natalidad y el Auge de la Longevidad
Chile se encuentra inmerso en una transformación demográfica profunda y acelerada que ha alterado su estructura poblacional en el transcurso de unas pocas décadas (Villalobos Dintrans, 2017). Esta nueva realidad está marcada por dos fuerzas simultáneas e inversas: un aumento sostenido en la esperanza de vida de la población y un colapso histórico en la cantidad de nacimientos.
Uno de los logros sanitarios y sociales más notables de Chile es el incremento de la esperanza de vida al nacer, la cual ha experimentado un alza significativa. En la década de 1950, la esperanza de vida se situaba entre los 53 y 55 años, mientras que para el año 2024 alcanzó los 81,10 años, consolidando al país como el líder de la región en este indicador (Instituto Nacional de Estadísticas [INE], 2025; Mandakovic & Apablaza, 2025; Villalobos Dintrans, 2017). Las proyecciones oficiales señalan que para el año 2026 esta cifra alcanzará los 81,8 años a nivel nacional, promediando 84,3 años para las mujeres y 79,5 para los hombres (INE, 2026).
Como resultado directo de esta prolongación de la vida, el segmento de la población de 60 años o más pasó de representar apenas el 5,3% del total en 1950, a constituir cerca del 20% en la actualidad (Mandakovic & Apablaza, 2025). Esta tendencia de envejecimiento se consolidará rápidamente, estimándose que para el año 2050 una de cada tres personas en Chile pertenecerá a la tercera edad (Mandakovic & Apablaza, 2025).
En claro contraste con la extensión de la vida, la natalidad chilena ha sufrido una contracción drástica, ubicándose en la actualidad por debajo de países como Japón e Italia, y ostentando la tasa más baja del continente americano (Radio Universidad de Chile, 2025). En la década de 1960, el promedio era de más de 5 hijos por mujer; sin embargo, la Tasa Global de Fecundidad (TGF) se derrumbó a tan solo 1,03 hijos por mujer en 2024 (Ministerio de Hacienda, 2025). Esta cifra ubica a Chile críticamente por debajo del nivel de reemplazo poblacional requerido de 2,1 (INE, 2025). Las proyecciones del INE auguran que la TGF podría descender hasta 0,92 hijos por mujer en 2026 (INE, 2026).
En cifras absolutas, los nacimientos en el país cayeron de 279.098 en el año 1992 a solo 154.441 en 2024, lo que representa un descenso superior al 44% en solo treinta años (INE, 2025; Ministerio de Hacienda, 2025).
Causas del fenómeno: La «infertilidad estructural» La experta en sociología Martina Yopo acuña el concepto de «infertilidad estructural» para describir esta realidad, apuntando a que la falta de descendencia hoy en día responde a una carencia de condiciones sociales y materiales para tener y criar hijos (Radio Universidad de Chile, 2025). El Ministerio de Hacienda corrobora este diagnóstico, estableciendo que las mujeres no rechazan la maternidad per se, sino las condiciones adversas en que se ejerce: alto costo de la vivienda, incertidumbre laboral, y una profunda desigualdad en la corresponsabilidad de los cuidados del hogar frente a sus parejas (Ministerio de Hacienda, 2025). Por consiguiente, la maternidad se retrasa: la edad media de la mujer al tener su primer hijo pasó de 27 años en 1993 a 30 años en 2023 (INE, 2025).
Es importante mencionar que parte de la caída estadística responde a éxitos en salud pública, notablemente a la drástica reducción del embarazo adolescente; la tasa en el grupo de 15 a 19 años cayó de 64,6 nacimientos por cada mil mujeres en 1992 a 11,0 en 2023 (INE, 2025). A la vez, surgen preocupaciones de salud biológica moderna, como la exposición a microplásticos y disruptores endocrinos ambientales que, de acuerdo con evidencia emergente, dañan la calidad celular y causan inflamación en los órganos reproductivos, fungiendo como un nuevo factor de riesgo silencioso para la infertilidad (Bascón Arroyo, 2025; Fertilite Querétaro, 2025).
La convergencia de la alta longevidad con una bajísima natalidad generará un punto de inflexión en 2028: año en que se proyecta que las defunciones superarán a los nacimientos, dando inicio a un ciclo de crecimiento natural negativo de la población chilena (INE, 2026; Castillo & Castillo, 2026). Esta nueva arquitectura demográfica obliga a la sociedad a readaptar sus servicios. En el sector salud, se experimenta un cierre o reducción de áreas de maternidad y pediatría para enfocarse en patologías crónicas, oncología y geriatría. Un ejemplo drástico de esto ocurre en la Clínica Dávila Recoleta, que pasó de registrar 8.000 partos en 2014 a 1.500 en 2024, debiendo reducir un 50% sus camas obstétricas. La red pública, por su parte, redujo sus camas obstétricas de 2.808 en 2016 a 2.293 en 2024 (Clínicas de Chile, 2025).
Finalmente, las implicancias económicas sobre el mercado laboral y las pensiones son severas. El estrechamiento de la base productiva significa que la relación de dependencia se invertirá; si en el 2010 existían 6,7 personas en edad de trabajar por cada adulto mayor, se calcula que para el año 2050 esta cifra caerá a tan solo 2,6 activos por jubilado (Asociación de AFP de Chile, 2009; Capital Play, 2025).